Aunque esto lo escribí cuando varios familiares murieron, entre ellos mi abuelo materno (Lauro Tirado Hernández), hoy que la vida tomo la decisión de llevarse a mi abuelo paterno (Simitrio Carcaño Salazar), le dedico estas palabras a quienes lo sienten y duelen.
No cabe duda que el paso de la muerte nos vuelve indolentes, son los recuerdos los que nos arrancan las lagrimas.
No saben el terror que se siente cuando ves comenzar a morir a una de las persona que mas amas, la desesperación de querer hablarle a alguien, pero a quien, si ya nadie nada puede resolver, mas te desespera cuando toda tu vida o al menos el pedazo de ella que llevas recorrido siempre hubo alguien que te ayudara, siempre hubo alguien que te ayudara, siempre viviste rodeado de gente, familia que ha estado ahí, el consejo de los mayores si es que quedan y en ese caso de tus iguales siempre será levántate y continua, pero nunca habrá un consejo que te diga esta bien detener tu vida por un día, para llorar por tu soledad he infelicidad de no tener a ese ser, es cuando pienso en el ultimo segundo de la vida de quien muere, en realidad paso toda su vida frente a sus ojos, ese suspiro que muchos dan antes de fallecer no será por arrepentimiento, en fin ellos ya no se preocupan por las cosas de cama y de cocina, pero y yo que hago para quitarme esta amargura y mas aun que todavía no fallece, que la espera será larga y trágica, cuando un día es otra vida y las horas pesan como féretros con esperanzas y tiempos que no serán.
A mis seres queridos que se adelantaron, no se preocupen… no tardo.
A los que aun tengo conmigo, no se preocupen… regresare.
